Por Bruno Calvi
De la extrema pobreza, a ser presidente de su país,
Lula ha tenido una de esas vidas que se le suelen decir “de película”.
Un joven Pernambucano con una infancia dura, con hambre, muchos hermanos y una madre fuerte,
aspectos que lo marcaron para el futuro. Un líder político de los que ya no quedan,
con una gran capacidad para persuadir a las masas, su pueblo.
En el sindicato encontró la educación que no pudo
obtener en la escuela. Junto a los obreros de la fábrica de tornillos llevó adelante
luchas por los derechos de los trabajadores. Lula, el tornero mecánico, llegó a
ser el presidente del gremio metalúrgico. En el sindicato aprendió a escuchar
todas las opiniones, a trabajar en equipo, a sentarse a negociar, entre otras cosas.
Sin buscarlo, se sumergía en el mundo de la política y tenía madera para ello.
Sin importar la orientación política que pueda
llegar a tener quien lee este artículo, no se puede negar que Lula es
movimiento, es revolución, como cuando hizo frente a la dictadura en Brasil, manifestándose pacíficamente con la gente en la
calle, buscando otra realidad para su querido País. Por esas convicciones
populares a lo largo de su vida fue encarcelado. Le tocó ser un preso político,
privado de su libertad por pensar diferente e ir contra el sistema. Y aunque su
pueblo lo pedía libre, Lula nunca estuvo en contra de la justicia y siempre
aceptó las decisiones que se tomaron. Luiz Inácio da Silva, llegó a ser presidente después de fracasar en
tres elecciones. A pesar de ello, tuvo la mejor presidencia de la historia del
Brasil.Según los datos de la ONU,al terminar su mandato, redujo la pobreza a
la mitad y dejó al país como séptima potencia mundial.
Bruno que facilidad para contar una historia tan determinante para latinoamerica, fijate que falta el título, abrazo amigo.
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